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Es un edificio de mampostería en la planta baja, con puerta de piedra sillar en arco apuntado. También mampostería se emplearía en la planta noble y en la superior y, posiblemente, en el siglo XIX se transformó la parte alta, edificándose en tapial y ladrillo tal como puede verse en fotografías anteriores a la restauración que la adaptó para Casa de Cultura.
La planta baja está formada por tres grandes espacios paralelos a la fachada, que se comunican entre sí por arcos apuntados. El primer espacio o zaguán conserva un pavimento de guijarro con el dibujo de una palmera y, a la izquierda, está la escalera primitiva de caracol, con acceso a las plantas superiores. El segundo espacio, en el centro, es el principal y podía cerrase, y el tercero se abre a la fachada posterior, con dos arcos apuntados. Los tres espacios se cubren con alfarjes de madera, fruto de la restauración.
En la fachada del palacio hay colocados cuatro escudos. Sobre el arco apuntado, dos de ellos se hallan encolados: el símbolo de San Juan Evangelista (el águila) y una cruz blanca. Los otros dos responden a miembros de la Orden.
El hospital se halla adosado al palacio y se desarrolla en sentido longitudinal a la fachada. Sólo se ha conservado una nave con tres arcos diafragma apuntados, la cual debía estar cubierta por una techumbre de madera. Parece asímismo haber tenido una planta alta, y se afirma que era el hospital de la Orden de San Juan y que se edificó en el mismo momento que éste.
La iglesia actual es del siglo XVIII, tiene una sola nave con bóveda de cañón con lunetos, y la fachada es de piedra sillar y ladrillo, con puerta de arco de medio punto entre pilastras dóricas y tres grandes escudos. Actualmente se dedica a Biblioteca Municipal. El Palacio fue declarado Bien de Interés Cultural el 7 de junio de 1982.
El actual Ayuntamiento se debe al prócer almuniense don Miguel Ortubia, que cedió una casa suya al Concejo para que la destinara a Casa Consistorial. Se aprovecharon las dependencias de la casa y se embelleció en 1783 con una fachada de ladrillo de escasa profundidad. Esta fachada consta de dos plantas y falsa: las dos plantas se abren a la plaza mediante ocho arcos de medio punto entre pilastras de orden gigante, y la tercera o falsa tiene pequeñas ventanas. El constructor fue el maestro de obras Antonio Alonso.
Por otra parte, en la calle Ortubia, antigua calle Ricla, se construyeron numerosas casonas durante los siglos XVI al XVIII. Se conservan dos palacios de especial interés: el de los Colmenares y el de los Estages. Ambos muestran, además de grandes portadas, la característica galería de arquillos y bellos aleros de madera labrada.
Hay otra casa, en la esquina con la calle Cabañas y muy transformada al exterior, que conserva escudo de armas en piedra negra, además del patio y la escalera. Además, la que ocupa el número 20 tiene puerta con arco rebajado entre ventanales, grandes balcones y escudo de armas, y parece edificada en el siglo XVIII.
En la plaza de los Obispos, de gran interés arquitectónico, se conservan asimismo varios edificios antiguos. En el número 3 hay una casa de ladrillo con arcos de medio punto, grandes balcones y galería de arquillos doblados con escudo de armas (siglo XVI); y la del número 4 ha sido rehecha siguiendo el modelo original. Las casas de los números 16 y 18 son de ladrillo y de estilo aragonés, del siglo XVII; y la del 18, pese a estar más transformada, conserva el escudo de armas.
La calle principal de la ciudad está dedicada a Martín de Garay, y tiene dos edificios de interés: la "Casa natal de Florián Rey", en el número 1, muestra una larga galería de arquillos; y la del 26, aunque reedificada en 1881, conserva los medallones de la parte alta, del siglo XVI. Además, en la esquina con la calle Monreal Muñoz hay una casa rehabilitada con galería de arquillos, del siglo XVII.
Del palacio de los condes de Torreflorida, en el Arrabal, se conserva una portada de piedra arenisca consistente en un arco de medio punto con escudo de armas y remate en frontón recto. Ya del siglo XX son dos edificios dignos de consideración: el Grupo Escolar, con dos torres de planta cuadrada en los extremos, arquillos doblados y alero de madera, realizado según proyecto de Joaquín Marco e inaugurado en 1930; y el Matadero Municipal, situado cerca del palacio de San Juan, que consta de un torreón de ladrillo en la parte alta y una especie de lonja en la fachada. Este último edificio se inauguró en 1962.
Como se ha dicho, hubo una iglesia románica mandada edificar por Doña Godina, que sería similar a la primitiva de Cabañas. En el siglo XIV se amplió, añadiéndole una nave a cada lado y levantando la torre mudéjar. Una nueva ampliación tuvo lugar en el siglo XVI, consistente en elevar el cuerpo octogonal de dicho elemento.
Cuando se derribó la iglesia en el siglo XVIII para edificar la actual, sólo se conservó la torre, una de las más bellas de Aragón. Supera los 40 metros y tiene dos cuerpos que corresponden a dos etapas bien diferenciadas: el de planta cuadrada es del siglo XIV y el de planta octogonal, del XVI. El cuerpo mudéjar tiene un machón central en torno al cual se desarrollan las escaleras, y los muros se decoran con rombos y arcos entrelazados. La torre fue declarada Bien de Interés Cultural el 19 de septiembre de 2001 y Patrimonio de la Humanidad junto al resto del mudéjar aragonés.
La iglesia nueva es un edifico de enormes proporciones, construido en ladrillo sobre basamento de piedra de Calatorao. La fachada tiene dos cuerpos: el inferior, de la anchura total de la iglesia, con tres puertas; y el superior, que se reduce al ancho de la nave central y se corona con frontón triangular.
Consta de tres naves separadas por pilares. La central se cubre con bóveda de cañón con lunetos, y las laterales, con casquetes esféricos. La decoración es verdaderamente sorprendente: a las pilastras estriadas con bellos capiteles compuestos y molduras clásicas se une la ornamentación figurada de personajes, escenas y alegorías en las bóvedas, pechinas y parte superior de los retablos.
El retablo mayor está dedicado a la Asunción de María y procede de la iglesia antigua. La mazonería es de madera dorada y policromada, y los lienzos (diez grandes y catorce pequeños) fueron pintados por Jusepe Martínez entre 1647 y 1650. En el banco hallamos dos puertas simuladas con lienzos de San Pedro y San Pablo, y en los podios del banco, de izquierda a derecha, están representados San Joaquín, San Francisco de Asís, Santo Tomás, Santa María Magdalena, San Jorge, San Sebastián, San Martín, Santa Bárbara, Santa Apolonia, Santa Águeda, San Antonio de Padua y San Pedro Alcántara. En la calle lateral izquierda encontramos a San Blas y San Miguel, y en la lateral derecha, a San José y San Lorenzo. La central la ocupa el lienzo de la Asunción de la Virgen saliendo del sepulcro. En el remate, lienzos de San Juan Bautista, Santa Pantaria y Santa Lucía; y, sobre las columnas y en los frontones del remate, Santa Bárbara, Santa Cecilia, la Fortaleza y la Prudencia. En definitiva, se trata de un retablo de gran calidad.
Por otra parte, a ambos lados del altar mayor se hallan dispuestos dos retablos del siglo XVII: el del Santo Cristo, en el lado del evangelio, de buena realización y perfecto modelado; y el de San Sebastián, en el de la epístola. Por su parte, en las capillas laterales se construyeron seis retablos de yeso pintado simulando mármoles y jaspes. Los relieves son de escayola pintada y están dedicados a San Pedro, San Miguel, San Joaquín, la Virgen del Rosario, San Luis de Anjou y la Sagrada Familia.
Además, en dependencias de la iglesia se exhibe una rica colección de arte religioso: piezas de orfebrería de los siglos XVI al XVIII, pinturas de escuela aragonesa los siglos XVII y XVIII, libros corales procedentes del convento de San Lorenzo e iluminados por los frailes, etc. Merecen ser destacadas algunas obras: una cruz de madera pintada, del siglo XIII; el busto relicario de Santa Pantaria, obra magnífica de escultura renacentista en plata con detalles dorados; el retablo de Santa Pantaria y Santa Bárbara, de 1576; y el retablo del camarín de la Virgen de Cabañas.
San Lorenzo fue la iglesia del convento de frailes franciscanos fundado en 1605, hasta que en la desamortización de Mendizábal pasó a manos privadas. El templo consta de una nave con capillas entre los contrafuertes, crucero y cabecera recta. Detrás de ella estaba la capilla del Sagrario, cubierta con cúpula de yeserías de tradición mudéjar y fechada en 1667. Las pechinas del crucero están decoradas con emblemas de la Orden de San Francisco. En la actualidad se está recuperando su espacio como Centro de Interpretación del río Jalón.
Las huertas de La Almunia son un buen exponente de la arquitectura popular. Se hallan diseminadas por toda la vega, entre el camino de Alfamén y la carretera de Zaragoza, por la carretera de Ricla y Calatorao e, incluso, hacia Alpartir y el río Grío.
De las 35 huertas documentadas acaso merezcan especial atención dos: cerca de la población se encuentra la huerta Garay, edificada a principios del siglo XIX por Martín de Garay, el que fuera ministro de Fernando VII, cuya fachada recuerda a un templo griego; y en el camino de la ermita de Cabañas está la huerta llamada de los Balcones, construida a semejanza de la fachada del Ayuntamiento en 1786. Otra que mantiene elementos de interés es Casablanca, con capilla propia bien conservada.
Si bien todo el casco histórico de La Almunia conserva su trazado medieval, merece destacarse el barrio de la Judería, que estuvo cercado por un muro cuyos límites estaban entre las actuales calles del Rosario, San Juan, Adobares, Cantarranas y Barrio Verde. Se han conservado los nombres de las calles originales: Barrio Curto, Terrero y Aceña.
La ermita de Cabañas es el único vestigio en pie de una población que tuvo gran importancia durante la Edad Media y que la fue perdiendo en favor de La Almunia de Doña Godina, hasta desaparecer definitivamente en el siglo XV. Se construyó a mediados del siglo XII en mampostería y piedra sillar, y tenía cabecera cubierta con cañón apuntado y nave que seguramente se cubría con techumbre de madera a dos aguas.
A finales del siglo XII o primeros años del XIII se edificó una nave en el lado sur, tal vez aprovechando un pórtico cubierto con madera. Esta nave se cubrió con bóveda de cañón apuntado, en ladrillo, y se unió a la nave principal mediante arcadas rebajadas, también del mismo material. En el siglo XVII se añadieron varios elementos que desfiguraron el aspecto primitivo de la iglesia: una portada de ladrillo con tejado y friso del mismo material, de tradición mudéjar; dos hornacinas a los lados; la casa del ermitaño; y algunas otras edificaciones. Hacia 1960 se hizo una desafortunada restauración que consistió en eliminar la primitiva portada del lado sur, junto con todas las edificaciones, y abrir otra puerta al oeste. Dentro del edificio se ha conservado un importante conjunto de pinturas murales, un coro de madera de estilo mudéjar y una pila bautismal románica.
En la parte superior de las pinturas del ábside se representa al Pantocrator rodeado de los evangelistas y, debajo, a la Virgen sentada, en actitud suplicante, junto a los apóstoles. Son pinturas del siglo XIII. En la cabecera de la capilla de San Nicolás se plasmaron varias escenas de la vida de este santo, obispo de Mira pero enterrado finalmente en Bari, de cuyo sepulcro manaba un bálsamo que se recogía en ampollas y se vendía como el maná de San Nicolás. En las pinturas se cuenta la vida y milagros del personaje.
Por su parte, en el muro del sur se representa a Santa Catalina recriminando al emperador su conducta, la disputa con los sabios, y la pasión y muerte de la santa con un tajo en el cuello. Su cuerpo fue trasladado por los ángeles al monte Sinaí; y otras escenas sobre los arcos se dedican a la Pasión de Cristo. Todas ellas están impregnadas de ingenuidad, a veces rayando la tosquedad ejecutiva, pero con un enorme interés narrativo.
En el resto de la nave se pintaron figuras y escenas de carácter funerario: dos bellas figuras de caballeros con sus escudos, interpretados como guerreros muertos en plena juventud; y la representación de un funeral. Las pinturas más conocidas son las de los sepulcros de los pies de la nave. En el arcosolio de la izquierda se representa la figura de doña Horia Pérez, que fue mujer de don Martín Pérez de Doariz. En el arcosolio de la derecha aparece la figura de doña Guillelma Pérez, que fue mujer de don Miguel de Albero. Son pinturas de una gran calidad y belleza.
Las pinturas pueden fecharse en el primer tercio del siglo XIV, lo mismo que el coro que hay encima de los arcosolios. Éste último, bellísimo, de estilo mudéjar, se halla sobre un alfarje con pinturas de caballeros y escudos. El pretil contiene decoración calada inspirada en el lazo mudéjar. También se conserva una pila de piedra, sin duda románica, con unas cabezas incrustadas en el soporte que parece podrían pertenecer a la cultura celta.
La ermita de Cabañas es Monumento Nacional desde el 27 de octubre de 1978 y fue declarada Bien de Interés Cultural el 11 de marzo de 2002. Se trata de un monumento de muchísimo interés, tanto por el edificio como por las pinturas murales.
Del palacio de los condes de Torreflorida, en el Arrabal, se conserva una portada de piedra arenisca ubicada en un jardín tras lo que fue el palacio. Es un arco de medio punto con escudo de armas y remate en frontón recto.
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